lunes, 10 de junio de 2013

La ciudad

En algún lugar, de algún lado caminaba con dirección fija. Típico de mi, un paso apresurado y distraído, pensando en muchas cosas, en el aquí y ahora del ¿Por qué es así y no a mi modo? ¡Como me enamoran estas calles empedradas y aquella luz de farolas con aceite! Los carruajes. Me he puesto mi mejor traje, mis zapatos son de goma de mascar, mi pantalón de hojas de pino y mi clásica chamarra de piel de hurón ¿Que mas podía hacer sino vestirme formal?, Arrastraba un gran baúl de piel de serpiente de cascabel, y pensar que me había costado 30 tornillos y 2 clavos, el precio no lo valía, pero el cascabel pegando por las piedras del camino fue lo que me motivo a comprarla ¡Que sonido mas hipnótico!

Al fin llegue a mi destino, el hotel más lujoso de la ciudad. Unos escalones de mármol y barandales del mismo, te daban la entrada. ¡Vaya! Hasta las cabezas de las garzas al final del barandal te daban la bienvenida con tal gratitud como si dijeran - ¡Gracias por gastar tus tuercas aquí! - Si, era algo cómico también... Entre por aquellas robustas puertas de roble, llegue al fino mostrador donde había una ardilla totalmente estática, vigilante a cada movimiento y pregunte por ella. -Piso 3, habitación 405- Dijo el amable empleado.

Subí por las escaleras en forma de caracol a un rincón del recibidor, no me sentía seguro haciendo trabajar al pobre elefante del elevador. ¡Claro que me arrepentí cuando llegue sin aliento al tercer piso! -Debo dejar de fumar - Dije para mí. Atravesé el largo pasillo, y me asome por el barandal en forma de dona que estaba al centro. Vértigo. Lo peor de mi miedo. Imagine como caía agitando las manos y pies sobre el amable empleado que me atendió hace unos instantes. El dolor del cráneo siendo estrellado contra el mármol cubierto de le alfombra azul, la sangre corriendo ¡Ah! Me sacudí, me di dos bofetadas y llegue a la habitación 405.

Abrí la puerta despacio acompañado de un ligero rechinido, ahí la vi, un vestido morado, largo y discreto.
-¿Por qué no tienes zapatillas? - pregunte.
-¡Sh! - Se llevo el dedo a los labios y con un suave movimiento propio de ella me indico que viese la cama. -Solo a ti se te ocurren estas cursilerías- dijo para sí.
- Pero... ¿Que?- Susurré.
- No sé, ya estaba aquí cuando llegue.

Me acerque al bulto cubierto por la cobija, sentí el olor de licor barato. Estire la mano y apenas lo toque del brazo. Enseguida se levanto sobre la cama agitando las manos en el aire mientras bailaba, era un tipo alto, delgado y solo con bóxers. Se bajo de la cama y corrió a la habitación del frente. Deje mi chamarra sobre la silla y desde la puerta lo seguí, el loco había dejado la puerta abierta. De las puertas bajas de un tocador, saco una caja roja circular, la abrió. -¿Cuantos condones hay ahí? - Pensé, cerré la puerta y la busque, estaba dormida en la cama y en la cabecera mire en el fondo el mismo mueble que abrió el loco. Fui a él, y abrí las puertas, ahí estaba la misma caja roja. Sin pensarlo la abrí, y descubrí solo dos condones - ¡Vaya! - Pensé. Tomé ambos condones y los aventé debajo de la almohada, pero ella ya no estaba.

Levante la mirada, estaba ella dormida en la silla -¿Todo en orden? - Le pregunte curioso. Abrió los ojos, y me miro tan frio, totalmente inexpresiva. Tomó mi mano y lentamente la condujo a su sexo, comenzó a moverla despacio y su mirada aun mas fría, cerró los ojos y soltó un falso gemido de placer, me miro de nuevo tan frio y dijo - ¿Contento? - Fue una flecha que cayó de la nada, que atravesó mi pecho y me partió en dos. Herido salí del hotel y fume sentado en el empedrado.

Para cuando hube regresado, ni ella ni sus cosas estaban ahí. Me asome por el gran balcón, la vi doblando la esquina, la vi alejándose de la hermosa ciudad.

Corrí tras ella - ¡No puede ser! ¡No Ahora! - Grité en las escaleras.

Apenas pude ver como doblaba la esquina, cuando salí de aquel lugar, di la vuelta y la ciudad había desaparecido, una calle larga, moderna, con un edifico de fachada azul celeste... en efecto, una secundaria.

-¡Hey! -le dije mientras la tomaba del brazo que arrastraba su baúl, lentamente dio vuelta- ¡No puedes dejarme! ¡No otra vez!
Me miro a los ojos, mas fría que nunca -¿No lo entiendes Pablo? ¡Yo lo amo a el!.

 Desperté.

martes, 19 de marzo de 2013

Mundos

Las afirmaciones que a continuación se establecen y tratan de imponerse en lo mas recóndito de su mente, carecen de valor y demostración científica, por lo menos hasta lo que el autor sabe, si pretende aceptarlas y divulgarlas como verdades, sepa usted que hace bien, y de forma contraria también  De esta forma, si usted no dice nada pero el otro usted dice todo, otro usted dice algo y otro usted predica con el, todos estarán haciendo bien y mal, dependiendo del libro en el que se encuentre, simplemente tome asiento en su sillón, inodoro metálico, techo y sándwich, y disfrute.

-¡Los universos paralelos existen!- se lo digo en medio de la calle al primer vagabundo con espuelas de carne que me encontré en la calle. -Todos lo sabemos estúpido - dijo con el frió aliento de los papeles al sol de otoño. -Si vagabundo - contesto inmediatamente para no quedar como un tonto - Pero ¿Lo entiende?- Una larga pausa se suspendió en el aire. - Cuéntame.


-Tu libro... es una vida.
-¿Que?

-Tu vida, es un libro- digo apenado.
-Si... ¿Y?
-Piensa en las locuras que han pasado en lo que llevas de vida.
-¡Ah!- Suspiro el vagabundo -De hecho, recuerdo...
-Si claro... ¡Ahora!  Podrías llenar cientos de paginas con esas historias, y como cada una es un acontecimiento interesante, es un best-seller.
-¿Un que?
-Uno de los mas vendidos- me lamento de estar aqui. El asiente y continuo -Cada que alguien  abre tu libro y comienza a leer tu vives, vives a la par conforme avanzan las hojas de aquel 'mejor-vendido'. En la primera pagina naces, y en la ultima mueres.-Su rostro comienza a palidecer y su cara refleja una preocupación similar a la de los rábanos cuando van a caer del árbol  ¡No querido amigo! ¡No te preocupes! ¿Que no hemos dicho que eres un mejor-vendido?-digo en tono tranquilizador.-¿Y?.- Dijo aun mas preocupado.-¡Tranquilo hombre! Cada que primera pagina es un nacimiento para ti, por lo tanto existes muchas veces y mueres las mismas muchas veces. Justo ahora, alguien que lee tu libro, te ha puesto en esta circunstancia, pero sepa amigo que esto ya lo ha vivido muchas veces, y lo vivirá mas veces.
-Pero alguien también te lee a ti, ¿No?-Pregunta temeroso.
-Si-digo aliviando
-¿Estas en mi libro, o yo estoy en el tuyo?
-Esa es la magia
-¿Que?
-Tanto yo podría no existir por que solo soy mencionado en tu libro brevemente, como podría existir siendo producto de tu libro como personaje, como podría existir por ser mi propio libro y tu parte de el, como ambos podríamos existir por ser de los muchos libros que se relacionan entre si por interacción de sus personajes en determinado espacio y tiempo.
-¿Que? Pero si...
-Mas que eso, podría yo estar leyendo tu libro mientras tu lees el mio.
-Entonces ¿Entre nosotros podemos crear vida?
-¡No! Nosotros creamos universos, un espacio y tiempo para que el personaje pueda moverse y avanzar, crecer, hacer su vida, y mas
-¿Mas?
- ¡MAS! Mientras nosotros hacemos nuestra vida, creamos las condiciones para que alguien mas haga la suya al "leer" su libro, y ellos a su vez pueden crear las condiciones para que alguien mas haga su vida, asi como a nosotros nos crearon las condiciones para hacer nuestra vida. Y mas.
-¿Mas?
-¡MAS! Si nosotros(Pp) creamos las condiciones para una vida(Cv1) y el personaje de esa vida (P1), crea las condiciones para una vida(Cv2) de otro personaje (P2). Seria posible que P2, creara las condiciones necesarias para nuestra vida (Cvp). Es decir, la creación de nuestra creación nos creo.

|->Cvp(Pp)))-->Cv1(P1-->Cv2(P2----|
|----------------------------------------|

-¿Eso es posible?¿Nosotros nos creamos?
-¿ Nosotros existimos, o somos una mala broma?

lunes, 18 de marzo de 2013

La chica de a lado

A lo largo de mi vida, muchas chicas han llamado mi atención  por ser en extremo bonitas, por ser inteligentes, mientras bailan, por la actitud que tienen ante la vida, por la forma en la que se muestran, por como piensan, por como se visten, etc. Yo creo que cada chica tiene esa parte infinitidiferencial que las hace únicas y hermosas, cada una a su forma, y con mas de una he querido compartir el resto de mi vida, no me importaría ni me cansaría de ver cada día esa parte que las hace únicas ¡Me enamora ese diferencial!.

Pero con el tiempo, las personas cambian, y con ello, ese diferencial, y no es que yo haya perdido el interés  ni es que ellas hayan perdido la magia ¡No! Simplemente todo cambia. [No es posible predecir la trayectoria de un electrón  se puede saber el momento o la posición de uno de ellos pero no ambos al mismo tiempo]. Es entonces cuando uno se debe retirar, y continuar, encontrar ese diferencial que ahora le llama la atención y del cual quiera disfrutar por el próximo momento o posición.

¡La chica de a lado! Quien ha visto esa película sabrá que no hay chica mas de ensueño que ella, no por la morbosidad de su trabajo, sino por la alegría  la actitud frente a la vida y la belleza de la actriz ¡Como quiero una mujer así  Alguien que te haga cometer locuras, y te muestre una vida sin menos estrés y mas divertida, que me haga hacer locuras [Que, aclarando, las he hecho, pero por propia cuenta], que termine el día estando con ella en un lugar al cual no me imaginaba si quiera que existe, es una especie de locura, si, eso me gustaría.

Soñar no cuesta. Hacerlo es una inversión. Tenerlo es vanidad.

jueves, 7 de marzo de 2013

Entre Menos Arroba Por Mas Pesos

(menos, mas, por, entre, arroba, pesos)
/Hola
-Hola
@Hola
*Hola
+Hola
$Hola

Así se presentaron los 6, -, +, *, /, @, $. Todos juntos de nuevo, y tan distantes al mismo tiempo... Es increíble cuando te encuentras con aquellas personas con las cuales viviste tan grandes momentos, y todo acompañado del mal sabor de boca de cuando te das cuenta de que ahora no tienen nada en común, regresar al pasado y recordar es bueno, pero quedarte ahí por mucho tiempo no te dejara avanzar, por lo que simplemente lo recuerdas por unas horas mientras tomas un café, viajas a tu escuela o trabajo, por una noche, o varios días. Después simplemente volteas al futuro y le das la espalda a esos bellos momentos.

Algunas personas simplemente deciden nunca recordarlo, enterrarlo y seguir adelante. Solo recuerdan cuando les viene en gana, les conviene, o simplemente surge de tu oscuro pozo del olvido... ¿Sera eso lo mejor? ¿Que pasaría si simplemente nos enfocáramos únicamente en lo que viene, y no en lo que vino?

En la vida, eres un neófito. No importa cuanto hayas vivido, cada cosa que ocurre en tu vida diaria es nuevo para ti, y cada situación es diferente, en situaciones diferentes, con personas diferentes ¿Que pasa con la experiencia? ¿Es una guía? No importa cuando hayas aprendido en tu vida, cada acontecimiento que ocurre es un acontecimiento donde se deberá tomar una decisión, y nunca mas volverás a tomarla, solo tienes una oportunidad, en un paso haces la prueba, la prueba final, experimento y conclusión. Quizá viéndolo desde ese punto es mejor la astucia que la experiencia...

-, +, *, /, @, $. Todos juntos, platican de su vida, regresan al pasado para ligar y concluir capítulos, regresan al pasado para contar como concluyeron capítulos, regresan al pasado para citar, reír, llorar. Regresan al pasado solo para volver a sentir que están ahí, para juzgarse duramente como los adultos que son ahora contra los muchachos que fueron en ese entonces, con poca idea de que después de cierto tiempo estarían ahí sentados pensando en si mismos hace el mismo cierto tiempo. ¿Que se ganó? El pasado es irreparable ¿Que se perdió? Cada oportunidad desperdiciada, y seguro que las hay, "El hombre no puede ganar algo, si no da algo a cambio. Esta es la ley de equivalencia de intercambio" (FullMetalAlchemist - anime) Por lo que cada decisión tomada, involucra una ganancia y una perdida.

¿-, +, *, /, @, $ Lo sabían? Claro. Muy entrada la noche, tomaron sus cosas, pagaron la cuenta cada uno con una sexta parte, salieron a la glorieta central donde curiosamente comenzaban 6 avenidas, cada uno miro su camino y se marcharon.


/Adiós
-Adiós
@Adiós
*Adiós
+Adiós
$Adiós

martes, 19 de febrero de 2013

Invierno


Parado sobre una esquina oculta por la sombra de los arboles provocada por el alumbrado público de la agitada ciudad que –curiosamente- estaba tranquila esa noche, inhala profundo y exhala lanzando su fantasma de aire hacia la avenida –frio- dice su aliento blanco poco transparente – frio – dice el viento al pasar entre su ropa mientras le toma y congela en su pecho poco abrigado – frio – se repite el para sí mismo mientras se frota con sus brazos para intentar guardar algo de calor, después de todo estaría esperando ahí un largo tiempo, aun mas de lo que ya espero.
Unas luces llaman su atención a lo lejos, se acercan rápidamente - ¿Un carro? ¿A estas horas y por esta fecha? – Se preguntaba asombrado, mientras el carro pasaba frente a él, seguro el conductor no lo ha visto – Desde aquí soy invisible – Dijo orgulloso de su posición, como quien presume un logro.
-¡Oye!- llamo alguien desde algún lado. – ¡Si tú! – Se repitió provocando un eco sombrío y perturbador entre los árboles en la cabeza de quien orgulloso de su posición comenzaba a temer ahora.
-¿Qué pasa? – Pregunto curioso. – Vaya, eso mato al gato – bromeo consigo mismo, luego prendió un cigarrillo para entrar en calor y calmarse. Ahora el fantasma de su aliento era más nítido aun, mientras que la nicotina invadía y relajaba su cerebro.
- ¿Qué haces aquí? – dijo aquella voz como un susurro, en un tono neutro donde difícilmente se distinguía su sexo. Tirando la colilla y apagándola con el zapato dijo seguro y confiado de si -Espero.
-¿Qué esperas? – Pregunto inmediatamente después, curiosa y ansiosa hablaba la voz, en un tinte de misterio, solo quería información, solo quería asegurarse de que fuera seguro bajar del árbol.
Una nueva corriente de aire penetro en aquel oscuro rincón de la avenida, penetro en la ligera ropa del fumador y atravesó los arboles con tal violencia que cayeron las ultimas hojas que el otoño había dejado como promesa de volver el siguiente año. Cansado de esperar, se sentó en el piso pegando sus rodillas con su barbilla mientras intentaba resguardar el poco calor de su cuerpo, mientras lentamente sacaba otro cigarrillo para prenderlo. – A Invierno – Dijo despreocupadamente. - ¡Invierno! ¡Ya viene invierno! – Grito desde los arboles, y se dispuso a bajar a toda prisa, chasqueo los dedos encendiendo fuego en su pulgar, dejando ver su rostro sucio y feo. Acerco su dedo al cigarro alejando a su vez las tinieblas y la belleza del entorno, podía verse claramente como las hojas se marchitaban en cada rama en la que se columpiaba el curioso personaje.
-Gracias.- Dijo cortésmente - ¿Conoces a invierno? – Pregunto interesado para después exhalar el humo de cigarrillo.
- ¿Qué si lo conozco? Claro que si, hasta me debe dinero, pero ¿Que se puede hacer? Las amistades son valiosas, ¿no lo cree? – dijo denotando alegría en su habla y horror en su sonrisa. Era mentira que le conocía, ambos lo sabían.
-Vaya Invierno siempre con problemas – Bromeo para ambos mientras tiraba la colilla al piso, se quedo observando mudo como el fuego consumía lentamente el tabaco sobrante en la colilla, en un instante las pocas luces que iluminaban la calle se apagaron, alzo la vista junto con el extraño personaje que estaba colgando de una rama. Iluminados solo por la luz de la luna que esparcían un tinte azul – ¡Se ha ido la luz! – Exclamo enojado – Pero al menos la avenida se bien, le sienta el color azul – hizo una pausa, miro a la luna, y luego a ambos lados como si se diera cuenta de algo fundamental – Esta aquí – dijo susurrando, y salió disparado cruzando la avenida, y metiéndose en la primera calle perpendicular a la avenida. – Adios – le despedía gritando el feo aprendiz de primate desde su árbol, haciendo eco en todas las casas del vecindario.
Corría lo más rápido posible, y aspiraba todo el aire que sus pulmones le dejaba, doblando calles, siguiendo derecho, tenía un instinto para percibir a Invierno, entonces se detuvo - ¿Un puente? Sin duda es Invierno – afirmaba y caminaba tranquilamente en dirección al puente, mientras observaba como todo iba helándose más conforme avanzaba hasta aquel puente.
Se paro justo frente a las escaleras – debe ser una broma – Dijo riéndose, denotando preocupación, llevaba mucha prisa y sin duda las escaleras representarían un problema si intentaba subir – ¡En llamas! ¡El puente esta en llamas! – grito hacia el cielo.
-¿Problemas? – Pregunto un anciano sentado sobre un tronco en el muro cercano al puente. -No llegara al otro lado si usa las escaleras – dijo con la entonación que tienen todos los viejos, un aire de sabiduría y seguridad en sí mismos, por eso son tan aferrados a los cambios, va en contra de su experiencia y olvidan  cuando ellos corrigieron a los adultos de esa época.
Quizá por eso al anciano le sorprendió cuando lo vio subir al barandal del puente, sorpresa que termino con una carcajada al ver que se caía. - ¡Auxilio! – grito con la chamarra prendida en llamas. Entonces el viejo le tiró un balde de agua en la cabeza. – Era una buena idea – Reconoció el anciano – Pero te falta equilibrio, tal vez si corrieras por el barandal… - insinuó curioso de que lo intentase. – Lo intentare – dijo confiado y mojado, salto al barandal y comenzó a correr, un ligero resbalo lo habría dejado de nuevo en llamas, pero mantuvo el equilibrio, había superado las primeras escaleras, ‘dando vuelta en u’ listo para subir el resto de las escaleras quedo perplejo - ¿Qué pasa? ¿Por qué no continuas? – le grito desde abajo el anciano. –Am… no hay escaleras, no hay barandal… - Dijo temeroso al anciano - ¿Entonces qué hay? – pregunto. –Nada - respondió sin esperanza. ¿Cómo podría atravesar la nada? Pero en realidad no era nada, era una ventana al oscuro universo infinito. Entonces noto que las llamas le seguían desde la escalera baja, se aproximaban lentamente mientras los barandales caían a los lados. Mientras que la parte horizontal del puente se elevaba gloriosa al otro extremo del vacío. – Salta – grito el anciano. -¿¡Estás loco!? ¡Es un abismo! – le grito al anciano. – ¿Se te ocurre una mejor idea? – pregunto el anciano, como un buen ajedrecista le dice ‘jaque’ a su contrario y enseguida ambos se dan cuenta que solo puede hacer un último movimiento, el cual le dejara la victoria al buen ajedrecista. Entonces corrió y saltó al otro extremo del puente, mientras una nueva helada asaltaba la noche y las llamas de la escalera se apagaban, aun en el aire, agitado y lamentando su pésima condicion pensó – No dejare de fumar – y cayó en espiral al abismo por el cual se percibía el infinito, un universo de colores y explosiones, cayó en el abismo, y siguió cayendo hasta perder el conocimiento.

Despertó sobre el piso metálico del puente, lo reconoció enseguida por los pequeños taches de aluminio -¿Cómo llegue aquí? - Se preguntaba pero eso ahora no tenía sentido, se sostuvo en apenas un aliento con sus brazos y se sentó con las piernas cruzadas mientras apoyaba su cabeza con sus manos y soltaba un quejido casi mundo. Fue cuando sintió una nueva ráfaga de viento helado entrando por los pequeños agujeros de la protección del puente, alzo la vista intentando mirar al otro lado del puente, y la miro, con una belleza helada, un vestido largo azul y blanco que caía y formaba curvas como la nieve en las pequeñas montañas que se forman en las calles después de una tormenta. Rodeada de copos de nieve tan grandes como canicas y mostrando su espalda blanca yacía inmóvil Invierno. Su corazón comenzó a latir fuertemente, era ella y no lo podía creer, la había encontrado por fin, se levanto de un salto  y se acerco lentamente a ella.
Quería hablarle, ¿Qué podía decir?, lo había soñado tantas veces y de mil formas que en ese momento se le olvido el inicio de toda conversación de aquel millar de veces que lo había planeado – ¡Al fin te conozco! – pensó en decir a la par que le tocaba el hombro, entonces ella voltearía y lo miraría con sus hermosos y grandes ojos azules, una mirada helada, entonces caería en un amor profundo, y pensaría necio que solo Invierno puede ser de el, un amor tan posesivo y enfermo, que nunca más la dejaría ir, y cuando volteara y lo mirase con una mirada desinteresada como quien mira siempre por la misma ventana sin nada nuevo, se le rompería el corazón –Debe ser mía – diría para sus adentros, mientras la tomaba de los brazos y la obligaba a besarlo, se resistía e internaría alejarse lo más posible –nadie nos ve, nadie podría pasar aquel abismo de las escaleras. – Pensó y entonces en un impulso desesperado la golpeo en su helada mejilla – ¡Debes ser mía! – le gritaría – de una u otra forma – mientras ella caía al suelo sin decir nada, mirando al piso pensaría en huir y eso no podría permitírselo, entonces pisaría el vestido y la obligaría a que aceptara su nuevo mandato.
Su imaginación fue interrumpida por una mirada, ahora ella volteaba, igual de bella como lo imagino, sintió un escalofrió, esta vez interno, sintió repulsión por sí mismo, por siquiera imaginar lastimar a una mujer, se trago el odio que sentía por sí mismo y decidió avanzar –Que pase, lo que tenga que pasar – dijo mostrando un fantasma blanquecino en el inmenso frio.
– ¡Al fin te conozco! – se aventuro a decirle mientras se perdía en sus enromes y hermosos ojos azules. – Al fin te conozco. –Reafirmó su saludo.

martes, 1 de enero de 2013

Ideal

-Toma mi mano- Le dijo apresuradamente mientras subía al barandal de la azotea de la biblioteca de la colonia la joven y soberbia Isabel. Se asomaba por aquel inestable barandal como si quisiera aventarse al vacio y no saber mas.
-Alto- Le dijo el temeroso Felipe, siempre seguro de lo que hacia, todo lo tenia calculado en su cabeza, como si la noche anterior se hubiera puesto a pensar que haría exactamente al día siguiente, cuantos centímetros se movería a la izquierda si llegase a pasar esto y aquello, todo calculado lo tenia, y las sorpresas lo tomaban como rehén en cualquier situación que el no hubiera previsto de antemano dejándolo atónito y sin orientación, siempre fiel a su pensamiento era un sabio, cuando la sorpresa lo invadía era apenas un chico pobre intentando asaltar al mas aventajado con una humilde sonrisa en el rostro. -No deberías asomarte tan deprisa, podría pasarte algo- Advirtió muy temeroso de la situación.
-¿Acaso nunca haces nada sin pensar? Vamos, quizá sea bueno que yo cayese en espiral hasta el sueño y muriese golpeando mi cabeza contra el suelo.
-Por favor alejate, me da miedo que eso pase.
-Esta bien.- Dijo tristemente Isabel mientras se reincorporaba al tejado de aquella biblioteca.
-¿Por que quieres morir?.-Pregunto interesado Felipe.
-La muerte es interesante, es una salida rápida a la vida cruel y despiada que te asalta por sorpresa.- ¡Oh, si! Isabel era en extremo inteligente.
-Creo que el ideal alto que nadie muriese.- Afirmo seguro de si Felipe, pareciese que lo había pensado decir la noche anterior.
-¿Ideal alto?.- Pregunto desconcertada Isabel.
-Hay dos tipos de ideales.-repuso alegremente Felipe.- El ideal alto y el ideal bajo, mientras que el primero se refiere a la utopía del ser, es decir, aquel factor imposible, inalcanzable para cualquiera, el segundo sin duda repone lo anterior mostrando cierto equilibrio.
-¿Y a esto como se aplica?
-La muerte por si misma no debería presentarse, aquel ser inmortal es una utopía, el ideal alto, mientras aquel ser que muera siendo grande, es en este caso el ideal alto, es el ideal alcanzable, es aquello a aspirar.
-¿Que quieres decir?.- repuso con un aire interesada Isabel, quizá sea por estos momentos de brillantes de Felipe que ha dejado que se le acercase y considere que tienen una relación, solo por estos momentos, en cualquier otro es un estúpido sin valor a mencionarse.
-Que morir sin hacer nada, es ser nada. Morir siendo grande es un ideal bajo. Nacer grande y morir grande es sin duda un ideal alto, una utopía, puesto que morir sin ninguna falta, es como no vivir, simplemente incoherente, simplemente sin razón.

Isabel emocionada por sus palabras no pudo contener en si las ganas de besar a aquel hombre sabio que por un momento había dejado de ser un estúpido, y que ahora bien valía la pena un beso suyo, lo beso como cada mujer debe besar a su hombre, tierna y apasionadamente, con tacto, con cuidado, mostrando la hermosura en cada contacto. - ¡Eres increíble! - Repuso emocionada.
-y Tu hermosa- Dijo serio y confiado Felipe.
- Tu eres mi ideal bajo
-¿Por que?
- Eres todo lo que necesito.- Repuso fiel, y enamorada esa Isabel que apenas mostraba su lado sentimental.
Y con un beso, sellaron lo que por ahora seria una conclusión filosófica del ideal del amor.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Un helado


-¡Sube la colina!- le gritaba a casi medio metro el hombre tragado por la inmensa oscuridad detrás de Armando.
-Pero- hizo una pausa mientras pasaba su dedo índice por el frente de sus fosas nasales. -¿A dónde voy? – pregunto temeroso de que su curiosidad lo llevase aun mas lejos de lo que lo había llevado ya.
-A dónde vas, de dónde vienes ¿Qué importancia tiene?
-Me interesa saber a dónde voy- No era una respuesta banal, en realidad a Armando siempre se ha preocupado por decidir con anterioridad hacia dónde va, y que podría hacer ahí, cualquiera podría tacharlo como una persona decidida, y segura de si mismo.
-¡Sencillo!- respondía la voz grave y profunda sumergida en mitad de la oscuridad – si sigues por ese camino, es por qué quieres ir a – se escucho el chirrido de un ave que interrumpió a la voz de aquel hombre.

-¡Ah!- Suspiro Armando molesto, estirando su mano lo más posible logro apagar el horrible sonido que hacen los despertadores a tempranas horas de la mañana, tomo su celular (siempre encendido, y a lado de su almohada) miro la hora. - ¡Rayos! – se quejó. - ¡Ya es tarde! ¡Ya es muy tarde! – Repitió para sus adentros. Se paró de un salto de la cama, busco rápidamente un pantalón, y una playera en su armario ¿Combinan? Esa es la menor preocupación que tiene Armando, llegaría tarde y se molestarían con él, que mas daba si su ropa combinaba o no, se vistió y corrió al baño, cepillo sus dientes con tal cuidado que si un dentista lo hubiera visto en esta u otra ocasión le hubiera llamado la atención por su descuido. Golpeo sus bolsillos para asegurarse que su celular, llaves y cartera estuvieran ahí. - ¡Rayos! – volvió a decir para sus adentros, corrió hacia su cuarto, tomo el celular a lado de su almohada, su cartera del librero frente a la cama, y sus llaves del escritorio. Tomo una mochila y con paso apresurado salió de su casa y corrió al metro.

Mientras esperaba en el andén, se sentó en el piso y comenzó a leer aquel libro que le había regalado dos días antes Victoria. Era un gran libro, lleno de reflexiones existenciales, y universales. – Es un poco difícil de entender, pero seguro te cambia la vida si lo descifras – le había dicho a Armando ese mismo día. Victoria no solo era la mejor amiga de Armando, cualquiera que conociese a Victoria podría describirla como una loca, inteligente y muy hermosa mujer. Llamar la atención de los hombres era para Victoria algo bastante fácil, pero sosteniendo una larga platica con ella, llegaba a ser tan compleja que asustaba a la mayoría de los hombres, en el caso de Armando esto le atraía aun mas de su amiga Victoria, en el despertaba mucho interés esa complejidad, como amante de los retos, a Armando no se le dificultaba seguir el hilo de las conversaciones con Victoria, por lo cual siempre había una nueva reflexión, una nueva idea, un nuevo tema del cual debatir, discutir, dar su punto de vista y llegar a una conclusión. A Victoria le gustaba aun mas estas largas y tendidas platicas con Armando, la entendía y comprendía, la ayudaba y apoyaba. – Nada como platicar contigo. – Siempre le decía a Armando.

- Llegas tarde- le reclamo Victoria.
- Perdón, pero me he quedado más tiempo tendido en mi cama.-repuso arrepentido Armando.
- No te preocupes, tampoco he querido levantarme hoy.
- Ven, ¿Se te antoja un helado? O podemos ir a caminar por ahí ¿Qué te gustaría?- Es costumbre de Armando llenar de preguntas a las personas que le rodean, el cree fielmente que el mundo está lleno de preguntas y que existe una única y absoluta respuesta para todas ellas, quizá su error siempre ha sido considerar al sexo femenino como parte de este mundo donde puede simplificar el problema a una pregunta absoluta, concreta y sencilla para poder dar una respuesta igual de absoluta, concreta y sencilla.
- Vamos por un helado, debo decirte algo - Dijo mientras observaba la mirada perdida de Armando, ¿En que está pensando? Se preguntaba con frecuencia, pero no le preguntaba directamente por que respetaba la privacidad de su cabeza, ella creía que no hay lugar más libre para el ser humano que su cabeza, ahí podía hacer lo que quisiera, además temía despertar toda una oleada de preguntas que no tendrían respuesta al menos en este momento, si bien Victoria era un ser complejo prefería simplificarse las cosas al máximo, odiaba cuando sus conversaciones se volvían complejas debido a que la gente común no la lograba entender, pero Armando no era una persona común, y eso le hacía muy feliz, podía permitirse entrar en debate con el por qué sabia que a él le gustaban las platicas intensas llevadas al límite de la razón e imaginación, era lógico imaginar que tanto ella como el terminaban exhaustos después de verse.
-Me parece muy bien… ¿En qué piensas? – Pregunto el siempre curioso Armando.
- En nada – Dijo la paciente Victoria.

Una vez frente a frente teniendo de por medio una mesa y un gran helado, comenzaron a hablar de banalidades habituales entre ellos. ¿Es que a Armando no le interesaba como estaba Victoria en ese momento? Al contrario, le interesa mucho, pero si todo está en orden es mejor no cambiar la situación.
- Tengo que decirte algo - Interrumpió el pensamiento de Armando.
-Claro. Dime Victoria, ¿Qué pasa? – dijo atentamente.
- Me iré a Chile…
- ¿Enserio? Que pro – Interrumpió Armando. Cabe mencionar que “que pro” en el lenguaje juvenil mexicano se refiere a una expresión para denotar que un acontecimiento es una excelente experiencia, un acontecimiento muy increíble.
- ¡No me interrumpas! – Se quejo Victoria.
- Continua – reparo Armando arrepentido.
- Me iré a vivir ahí… – terminando de pronuncias estas palabras, un sentido de vacio inundó el ambiente, para Armando todo el mundo carecía de sentido en aquel momento, y vio diluirse el fondo de la imagen que percibían sus ojos, solo podía ver a Victoria frente a él. De pronto su cabeza se lleno de preguntas: ¿Esta es la última vez que la voy a ver? ¿Es esta la última vez que estaré con ella de esta forma? ¿Qué tan lejos esta  Chile?
- Di algo – le exigió Victoria.
- Pero… ¿Por qué? – pregunto Armando algo alterado.
- Mas tarde te lo diré, por ahora quiero aprovechar cada momento junto a ti.
- ¿Cuándo te vas?
- Mañana temprano – Admitió su voz triste, sabía que había hecho mal en ocultarle este hecho, y no esperaba menos que el enojo de Armando.
-¡Ah! – Suspiro Armando, se sentía un poco molesto por la tan apresurada noticia, su Victoria se iba, y ella no le había mencionado nada con anterioridad. Pronto entendió que ella lo había hecho por alguna razón que ella solo sabe.  - ¿Es una broma? – estuvo a punto de preguntarle, pero sabía que no lo era. Armando acepto triste la noticia y dijo – Vamos, aprovechemos el día.

Aquel inolvidable día de sus vidas, Armando y Victoria anduvieron corriendo por la ciudad, riendo a carcajadas, paseando por los lugares emblemáticos de la ciudad, subiendo a miradores y alimentando animales en el zoológico. Por suerte la ciudad era pequeña y todo estaba relativamente cerca. Ese día no hubo reflexión alguna, Armando sabía que si pensaba en una cosa más, se echaría sobre los brazo de ella y le rogaría que no se fuese, Victoria por su parte nunca quiso separarse de Armando, y si entrase en un debate como aquellos, terminaría con una gran tristeza al momento de irse, y posiblemente sufriría mas de lo que ya ha sufrido.

La noche cobijo la ciudad tan de prisa que a vista de cualquiera pareciera increíble la rapidez de este hecho. Se detuvieron en una gran fuente con iluminación de diversos colores, al centro, la estatua de algún personaje histórico. Armando comprendió que era el momento adecuado.
-Victoria- Le llamo Armando con una voz suave, lo más seductora que pudo.
- Dime- dijo con toda sensualidad que existe en una mujer inteligente e increíblemente hermosa.
- Diga lo que diga no tengo nada que perder. ¿Verdad?
-No entiendo a que te refieres – Dijo Victoria llena de curiosidad -¿Qué es lo que quería?- se pregunto.
- hablo de que… - balbuceo Armando.
Victoria estaba impaciente, pero había visto el reloj, en su casa eran muy estrictos con el tiempo, más aun cuando el día siguiente hacían un viaje muy largo a otro país en el cual vivirían indefinidamente. Miro a Armando y dijo - Oye, creo que es hora de que me vaya, tengo que… -  En ese momento Armando se quito la pena, como cualquier soldado que le quita la funda  a su espada decidido a atacar al enemigo, lleno de valentía interrupio a Victoria y le beso apenas las comisuras de los labios.
Asustado se alejo lentamente de ella. – ¡Ven! – Dijo Victoria y animosamente sujeto a Armando de su camisa, y lo beso. Aquella escena cobijada por la noche e iluminada por las tenues luces de la fuente fue cubierta de tantos besos por los jóvenes enamorados que representaba la perfecta despedida de por vida de cualquier adolescente apasionado.
De un momento a otro, la oscuridad aumento. - ¡Ya es tarde! ¡Ya es muy tarde! – Dijo Victoria con preocupación, era obvio de donde había retomado esa frase Armando esta mañana. Ambos corrieron hacia el metro.  El camino hacia la casa de Victoria fue callado, ambos sabían que con aquellos besos cualquier duda de sus sentimientos quedaba resuelta y ninguno quería echar a perder ese momento con palabras.

Llegaron a la puerta de Victoria, una alegre casa que ante los ojos de Armando se deprimía por ver la partida de aquella familia. Armando convencido de que nunca  volvería a ver  a su amada Victoria, frente a su puerta le dio su último y más sincero beso.
- Te quiero Victoria – se aventuro Armando, mientras la veía entristecido.
-Te quiero Armando- Dijo Victoria con esfuerzo mientras miraba los ojos de Armando, abrió la puerta, y antes de cerrar susurro –Nos vemos.