Parado sobre una esquina oculta por la sombra
de los arboles provocada por el alumbrado público de la agitada ciudad que
–curiosamente- estaba tranquila esa noche, inhala profundo y exhala lanzando su
fantasma de aire hacia la avenida –frio- dice su aliento blanco poco
transparente – frio – dice el viento al pasar entre su ropa mientras le toma y
congela en su pecho poco abrigado – frio – se repite el para sí mismo mientras
se frota con sus brazos para intentar guardar algo de calor, después de todo
estaría esperando ahí un largo tiempo, aun mas de lo que ya espero.
Unas luces llaman su atención a lo lejos, se
acercan rápidamente - ¿Un carro? ¿A estas horas y por esta fecha? – Se
preguntaba asombrado, mientras el carro pasaba frente a él, seguro el conductor
no lo ha visto – Desde aquí soy invisible – Dijo orgulloso de su posición, como
quien presume un logro.
-¡Oye!- llamo alguien desde algún
lado. – ¡Si tú! – Se repitió provocando un eco sombrío y perturbador entre los árboles
en la cabeza de quien orgulloso de su posición comenzaba a temer ahora.
-¿Qué pasa? – Pregunto curioso. –
Vaya, eso mato al gato – bromeo consigo mismo, luego prendió un cigarrillo para
entrar en calor y calmarse. Ahora el fantasma de su aliento era más nítido aun,
mientras que la nicotina invadía y relajaba su cerebro.
- ¿Qué haces aquí? – dijo aquella
voz como un susurro, en un tono neutro donde difícilmente se distinguía su
sexo. Tirando la colilla y apagándola con el zapato dijo seguro y confiado de
si -Espero.
-¿Qué esperas? – Pregunto
inmediatamente después, curiosa y ansiosa hablaba la voz, en un tinte de
misterio, solo quería información, solo quería asegurarse de que fuera seguro
bajar del árbol.
Una nueva corriente de aire penetro
en aquel oscuro rincón de la avenida, penetro en la ligera ropa del fumador y
atravesó los arboles con tal violencia que cayeron las ultimas hojas que el
otoño había dejado como promesa de volver el siguiente año. Cansado de esperar,
se sentó en el piso pegando sus rodillas con su barbilla mientras intentaba
resguardar el poco calor de su cuerpo, mientras lentamente sacaba otro
cigarrillo para prenderlo. – A Invierno – Dijo despreocupadamente. - ¡Invierno!
¡Ya viene invierno! – Grito desde los arboles, y se dispuso a bajar a toda
prisa, chasqueo los dedos encendiendo fuego en su pulgar, dejando ver su rostro
sucio y feo. Acerco su dedo al cigarro alejando a su vez las tinieblas y la
belleza del entorno, podía verse claramente como las hojas se marchitaban en
cada rama en la que se columpiaba el curioso personaje.
-Gracias.- Dijo cortésmente -
¿Conoces a invierno? – Pregunto interesado para después exhalar el humo de
cigarrillo.
- ¿Qué si lo conozco? Claro que si,
hasta me debe dinero, pero ¿Que se puede hacer? Las amistades son valiosas, ¿no
lo cree? – dijo denotando alegría en su habla y horror en su sonrisa. Era
mentira que le conocía, ambos lo sabían.
-Vaya Invierno siempre con problemas
– Bromeo para ambos mientras tiraba la colilla al piso, se quedo observando
mudo como el fuego consumía lentamente el tabaco sobrante en la colilla, en un
instante las pocas luces que iluminaban la calle se apagaron, alzo la vista
junto con el extraño personaje que estaba colgando de una rama. Iluminados solo
por la luz de la luna que esparcían un tinte azul – ¡Se ha ido la luz! –
Exclamo enojado – Pero al menos la avenida se bien, le sienta el color azul –
hizo una pausa, miro a la luna, y luego a ambos lados como si se diera cuenta
de algo fundamental – Esta aquí – dijo susurrando, y salió disparado cruzando
la avenida, y metiéndose en la primera calle perpendicular a la avenida. – Adios
– le despedía gritando el feo aprendiz de primate desde su árbol, haciendo eco
en todas las casas del vecindario.
Corría lo más rápido posible, y
aspiraba todo el aire que sus pulmones le dejaba, doblando calles, siguiendo
derecho, tenía un instinto para percibir a Invierno, entonces se detuvo - ¿Un
puente? Sin duda es Invierno – afirmaba y caminaba tranquilamente en dirección
al puente, mientras observaba como todo iba helándose más conforme avanzaba hasta
aquel puente.
Se paro justo frente a las escaleras
– debe ser una broma – Dijo riéndose, denotando preocupación, llevaba mucha
prisa y sin duda las escaleras representarían un problema si intentaba subir –
¡En llamas! ¡El puente esta en llamas! – grito hacia el cielo.
-¿Problemas? – Pregunto un anciano
sentado sobre un tronco en el muro cercano al puente. -No llegara al otro lado
si usa las escaleras – dijo con la entonación que tienen todos los viejos, un
aire de sabiduría y seguridad en sí mismos, por eso son tan aferrados a los
cambios, va en contra de su experiencia y olvidan cuando ellos corrigieron a los adultos de esa
época.
Quizá por eso al anciano le sorprendió cuando lo vio subir al barandal del puente, sorpresa que termino con una carcajada al ver que se caía. - ¡Auxilio! – grito con la chamarra prendida en llamas. Entonces el viejo le tiró un balde de agua en la cabeza. – Era una buena idea – Reconoció el anciano – Pero te falta equilibrio, tal vez si corrieras por el barandal… - insinuó curioso de que lo intentase. – Lo intentare – dijo confiado y mojado, salto al barandal y comenzó a correr, un ligero resbalo lo habría dejado de nuevo en llamas, pero mantuvo el equilibrio, había superado las primeras escaleras, ‘dando vuelta en u’ listo para subir el resto de las escaleras quedo perplejo - ¿Qué pasa? ¿Por qué no continuas? – le grito desde abajo el anciano. –Am… no hay escaleras, no hay barandal… - Dijo temeroso al anciano - ¿Entonces qué hay? – pregunto. –Nada - respondió sin esperanza. ¿Cómo podría atravesar la nada? Pero en realidad no era nada, era una ventana al oscuro universo infinito. Entonces noto que las llamas le seguían desde la escalera baja, se aproximaban lentamente mientras los barandales caían a los lados. Mientras que la parte horizontal del puente se elevaba gloriosa al otro extremo del vacío. – Salta – grito el anciano. -¿¡Estás loco!? ¡Es un abismo! – le grito al anciano. – ¿Se te ocurre una mejor idea? – pregunto el anciano, como un buen ajedrecista le dice ‘jaque’ a su contrario y enseguida ambos se dan cuenta que solo puede hacer un último movimiento, el cual le dejara la victoria al buen ajedrecista. Entonces corrió y saltó al otro extremo del puente, mientras una nueva helada asaltaba la noche y las llamas de la escalera se apagaban, aun en el aire, agitado y lamentando su pésima condicion pensó – No dejare de fumar – y cayó en espiral al abismo por el cual se percibía el infinito, un universo de colores y explosiones, cayó en el abismo, y siguió cayendo hasta perder el conocimiento.
Quizá por eso al anciano le sorprendió cuando lo vio subir al barandal del puente, sorpresa que termino con una carcajada al ver que se caía. - ¡Auxilio! – grito con la chamarra prendida en llamas. Entonces el viejo le tiró un balde de agua en la cabeza. – Era una buena idea – Reconoció el anciano – Pero te falta equilibrio, tal vez si corrieras por el barandal… - insinuó curioso de que lo intentase. – Lo intentare – dijo confiado y mojado, salto al barandal y comenzó a correr, un ligero resbalo lo habría dejado de nuevo en llamas, pero mantuvo el equilibrio, había superado las primeras escaleras, ‘dando vuelta en u’ listo para subir el resto de las escaleras quedo perplejo - ¿Qué pasa? ¿Por qué no continuas? – le grito desde abajo el anciano. –Am… no hay escaleras, no hay barandal… - Dijo temeroso al anciano - ¿Entonces qué hay? – pregunto. –Nada - respondió sin esperanza. ¿Cómo podría atravesar la nada? Pero en realidad no era nada, era una ventana al oscuro universo infinito. Entonces noto que las llamas le seguían desde la escalera baja, se aproximaban lentamente mientras los barandales caían a los lados. Mientras que la parte horizontal del puente se elevaba gloriosa al otro extremo del vacío. – Salta – grito el anciano. -¿¡Estás loco!? ¡Es un abismo! – le grito al anciano. – ¿Se te ocurre una mejor idea? – pregunto el anciano, como un buen ajedrecista le dice ‘jaque’ a su contrario y enseguida ambos se dan cuenta que solo puede hacer un último movimiento, el cual le dejara la victoria al buen ajedrecista. Entonces corrió y saltó al otro extremo del puente, mientras una nueva helada asaltaba la noche y las llamas de la escalera se apagaban, aun en el aire, agitado y lamentando su pésima condicion pensó – No dejare de fumar – y cayó en espiral al abismo por el cual se percibía el infinito, un universo de colores y explosiones, cayó en el abismo, y siguió cayendo hasta perder el conocimiento.
Despertó sobre el piso metálico del
puente, lo reconoció enseguida por los pequeños taches de aluminio -¿Cómo
llegue aquí? - Se preguntaba pero eso ahora no tenía sentido, se sostuvo en
apenas un aliento con sus brazos y se sentó con las piernas cruzadas mientras
apoyaba su cabeza con sus manos y soltaba un quejido casi mundo. Fue cuando
sintió una nueva ráfaga de viento helado entrando por los pequeños agujeros de
la protección del puente, alzo la vista intentando mirar al otro lado del
puente, y la miro, con una belleza helada, un vestido largo azul y blanco que caía
y formaba curvas como la nieve en las pequeñas montañas que se forman en las calles
después de una tormenta. Rodeada de copos de nieve tan grandes como canicas y
mostrando su espalda blanca yacía inmóvil Invierno. Su corazón comenzó a latir
fuertemente, era ella y no lo podía creer, la había encontrado por fin, se
levanto de un salto y se acerco
lentamente a ella.
Quería hablarle, ¿Qué podía decir?,
lo había soñado tantas veces y de mil formas que en ese momento se le olvido el
inicio de toda conversación de aquel millar de veces que lo había planeado – ¡Al
fin te conozco! – pensó en decir a la par que le tocaba el hombro, entonces
ella voltearía y lo miraría con sus hermosos y grandes ojos azules, una mirada
helada, entonces caería en un amor profundo, y pensaría necio que solo Invierno
puede ser de el, un amor tan posesivo y enfermo, que nunca más la dejaría ir, y
cuando volteara y lo mirase con una mirada desinteresada como quien mira
siempre por la misma ventana sin nada nuevo, se le rompería el corazón –Debe
ser mía – diría para sus adentros, mientras la tomaba de los brazos y la
obligaba a besarlo, se resistía e internaría alejarse lo más posible –nadie nos
ve, nadie podría pasar aquel abismo de las escaleras. – Pensó y entonces en un
impulso desesperado la golpeo en su helada mejilla – ¡Debes ser mía! – le gritaría
– de una u otra forma – mientras ella caía al suelo sin decir nada, mirando al
piso pensaría en huir y eso no podría permitírselo, entonces pisaría el vestido
y la obligaría a que aceptara su nuevo mandato.
Su imaginación fue interrumpida por
una mirada, ahora ella volteaba, igual de bella como lo imagino, sintió un escalofrió,
esta vez interno, sintió repulsión por sí mismo, por siquiera imaginar lastimar
a una mujer, se trago el odio que sentía por sí mismo y decidió avanzar –Que
pase, lo que tenga que pasar – dijo mostrando un fantasma blanquecino en el
inmenso frio.
– ¡Al fin te conozco! – se aventuro
a decirle mientras se perdía en sus enromes y hermosos ojos azules. – Al fin te
conozco. –Reafirmó su saludo.
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